El Obispo Tissera invitó a encarar el futuro con esperanza en la Misa del 25 de mayo

En la fiesta Patria de este lunes 25 de mayo, el Padre Obispo Carlos José Tissera celebró la Misa para toda la diócesis a las 19 desde el obispado.

En su homilía invitó tener esperanza: “Los sueños de los hombres y mujeres de aquel mayo de 1810, nos animan a tener nuestros sueños de una sociedad más justa y solidaria. Que esta pandemia nos haga más humildes. Desmoronada la autosuficiencia, tengamos un corazón abierto a los demás y todos juntos, forjemos una patria de hermanos, construyendo un país para todos y no para algunos pocos privilegiados.”

La homilía completa se transcribe a continuación.

Homilía de la Misa del 25 de mayo de 2020
Capilla del Obispado

 Querida hermana, querido hermano:

Estamos celebrando la Misa por la Patria, en este 25 de mayo en tiempos de pandemia. El Te Deum mayor se ha celebrado en la Catedral Metropolitana, y muchos han participado por los medios de comunicación. La Palabra de Dios que iluminó aquel momento en que se constituía el primer gobierno patrio, también hoy se hace presente para alentarnos. En el evangelio hemos escuchado a Jesús que dice: “Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn. 16, 33)

Esas palabras del Señor traen al recuerdo lo que San Pablo escribe en la carta a los Romanos: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?… ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó” (Rm. 8, 31. 35-37)

El nos dio su Espíritu para transformar nuestra vida y la de nuestros compañeros de camino. Él puso en el corazón del hombre el deseo de libertad, de buscar la verdad y de hacer el bien, y nos asiste con la fuerza de su Espíritu de amor para realizarlo.

Celebramos hoy los 210 años del primer grito de libertad para nuestra Patria. Aquellos próceres de Mayo de 1810 tenían sueños de libertad y de un mundo más justo. Se sabían llamados a gestar algo grande para el futuro de quienes habitarían este suelo.

“Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia”

“En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana. Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina” (“Hacia un bicentenario en justicia y libertad” (2010-2016) CEA. 14/11/2008)

Esos valores que están presentes en el corazón de nuestra gente, son sembrados por Dios de diferentes maneras. Se vale de las madres y padres, abuelas y abuelos, de las y los maestros; sacerdotes, religiosas y religiosos; personas que en el lugar, oficio o profesión que desempeñaron en la sociedad, hicieron de su vida un servicio, una entrega, y lo hicieron con amor, con honestidad, buscando el bien común, por encima de su propio interés. Hombres y mujeres de todas las latitudes de este inmenso país y de esta patria grande latinoamericana, que sembraron con sus actos, con su testimonio de vida, semillas de justicia, de verdad, de libertad y de amor.

En estos días de la pandemia, se pone en evidencia esa pléyade de servidores y servidoras anónimas de la sociedad, al decir: «Nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes -corrientemente olvidadas-, que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show, pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios…, y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo .»(Francisco. 27/03/2020)  

A pesar de la pandemia, este año no ha faltado el locro del 25. El olorcito a locro caliente estuvo en varios lugares. Hubo mujeres valientes y hombres decididos, muchos de ellos jóvenes, poniendo amor y garras a la situación, para que no falte el plato de comida en los hogares de los humildes y de aquellos que están sin trabajo o la changa para llevar el pan, los que no tienen para “parar la olla”.

El locro es un símbolo del 25 de mayo. Significa más que el plato de comida. El locro habla de las raíces de la Patria. Es un alimento que viene desde antes de la época de la conquista; es el alimento de los pueblos originarios. El locro hace referencia a una comunidad, más allá de un individuo o una sola familia. El locro se comparte en un barrio, en un club, en un centro de jubilados… Es una comida que requiere de tiempo para hacerse… Como la historia y la cultura de un pueblo que requiere de tiempo, de espera, de paciencia y de vigilancia, y de un fuego lento sostenido.

Si miramos nuestro pasado, es para encarar con esperanza el futuro. Los sueños de los hombres y mujeres de aquel mayo de 1810, nos animan a tener nuestros sueños de una sociedad más justa y solidaria. Que esta pandemia nos haga más humildes. Desmoronada la autosuficiencia, tengamos un corazón abierto a los demás y todos juntos, forjemos una patria de hermanos, construyendo un país para todos y no para algunos pocos privilegiados.

¡La Virgen de Luján, nos acompañe al caminar!

+ Carlos José Tissera
Obispo de Quilmes

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