Mensaje de Pascuas de los Obispos de Quilmes: “La realidad que vivimos es más que preocupante”

Los obispos de Quilmes, Carlos Tissera y Maxi Margni enviaron un mensaje por las Pascuas en el que manifiestan que “La realidad que vivimos es más que preocupante, particularmente para los más vulnerables” al tiempo que alientan a los que trabajan en la asistencia de niños, jóvenes y ancianos a no bajar los brazos.

Además, manifestaron su apoyo a las personas que trabajan  para elaborar políticas de inclusión y recuperación de fuentes de trabajo.

A continuación el mensaje completo:

 

“No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado”
(Mc. 16, 6)

Hermanas y hermanos:
 
¡FELIZ PASCUA!
 
Muy sencillamente el evangelio nos narra el hecho más maravilloso y trascendente de la historia humana: la Resurrección de Jesucristo. Es la buena noticia, el Evangelio que anunciamos. “Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él; y nos envió a predicar al pueblo” (Hch. 10, 38.42).
 
La misma tarde de la Pascua, aparentando ser un simple peregrino, se acerca a dos discípulos que se volvían enojados y tristes a Emaús, y conversa con ellos explicándoles las Escrituras que anunciaban los padecimientos del Mesías, su Muerte y su Resurrección. Al llegar al pueblo, ellos lo invitan: “Quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba” (Lc. 24, 29). Y lo reconocieron “al partir el pan” (v. 35). Ese mismo atardecer, en la ciudad de Jerusalén, se les apareció a los Apóstoles, “y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn. 20, 19-20)
 
Hoy, estas palabras bíblicas llenan de paz y de alegría nuestros corazones, alimentando nuestra esperanza y fortaleciendo nuestro amor.
 
Hoy, también Dios nos dice: “No tengan miedo”. Jesús sigue caminando junto a nosotros realmente. Sigue mostrándonos sus manos y su costado, sus llagas gloriosas en la persona de nuestros prójimos: los que están solos, tristes, angustiados, sin techo, sin trabajo, enfermos, jubilados y ancianos abandonados, jóvenes atrapados por la droga, niños desnutridos, las víctimas de la trata y del abuso, las personas víctimas de toda clase de violencia, tantos rostros desfigurados por la miseria y el descarte; los que son perseguidos e injustamente encarcelados. No tengamos miedo a la realidad, que pide de nosotros la apertura del corazón para acercarnos y compartir con tantas hermanas y hermanos; acogerlos en nuestras comunidades, y luchar con ellos por la causa de un mundo más justo y equitativo. La realidad que vivimos es más que preocupante, particularmente para los más vulnerables. Alentamos a todos los que trabajan en tantos centros de asistencia a los niños, jóvenes y ancianos más pobres. No bajemos nuestros brazos para crecer en solidaridad. Valoramos los esfuerzos que tantas personas realizan para elaborar y ejecutar políticas de inclusión y recuperación de fuentes de trabajo.
 
La Semana Santa reaviva en el alma las palabras de Jesús: “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc. 9, 23) Como Jesús Resucitado se acercó a los muchachos de Emaús, que se sentían defraudados, amargados y sin esperanza, abracemos la cruz de los que sufren cerca nuestro, hagamos todo lo que podamos para compartir su vida. Allí experimentaremos a Jesús Resucitado que nos muestra sus manos y su costado. Es la experiencia profunda del amor verdadero; es la presencia misteriosa del Reino de Dios entre nosotros.
 
“Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras: como la semilla pequeña que puede llegar a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13,31-32), como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa (cf. Mt 13,33), y como la buena semilla que crece en medio de la cizaña (cf. Mt 13,24-30), y siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (Francisco. EG 278).
 
Como pastores de esta Iglesia de Quilmes, les agradecemos su cercanía y cariño, particularmente expresado con motivo de la ordenación episcopal el pasado 16 de marzo.
 
Con nuestro saludo pascual, los bendecimos de corazón

+ Carlos José Tissera
+ Marcelo Julián (Maxi) Margni
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