Mensaje de Cuaresma de los Obispos de Quilmes

El Obispo de Quilmes Carlos José Tissera y del Obispo Auxiliar Marcelo Julián (Maxi) Margni, en el marco del Miércoles de Ceniza compartieron el mensaje de Cuaresma.
 A continuación, el texto completo.
Una celebración nos alienta

“Hay que seguir andando nomás”. La Cuaresma es un camino que recuerda el del pueblo de Israel, durante cuarenta años por el desierto. También los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, llevado por el Espíritu luego de su bautismo, antes de iniciar la vida pública. El desierto fue y sigue siendo el lugar de las tentaciones. Pero, en esos cuarenta días, Jesús nos mostró también la manera de superarlas, con su fidelidad a la Palabra de Dios. Toda una enseñanza para nosotros, también peregrinos.

“Hay que seguir andando nomás”. Es bien conocida esta frase de Mons. Enrique Angelelli, quien próximamente, el 27 de abril, en la octava de Pascua, será beatificado junto con sus compañeros mártires el P. Gabriel Longueville, sacerdote diocesano, Carlos de Dios Murias, sacerdote profeso en la Orden de los Frailes Menores Conventuales, y Wenceslao Pedernera, padre de familia y catequista. El martirio es el supremo testimonio de Jesús. El ejemplo de los mártires riojanos nos interpela en nuestro camino de seguimiento de Jesús. También ellos tuvieron sus tentaciones, pero confiaron en la Palabra de Dios. Todo lo dieron por el Reino. Hasta su sangre derramaron por Él. Un testimonio de amor a Cristo y a los hermanos que nos conmueve. Toda una Iglesia perseguida por anunciar el Evangelio desde los pobres. Enojaron a los prepotentes y a los ambiciosos del tener y del poder. Jesucristo nuevamente perseguido, calumniado, condenado injustamente y crucificado…

En esta Cuaresma, cercanos a la beatificación del gran Obispo mártir de La Rioja, escuchemos una parte de su homilía radial, pronunciada también en un primer domingo de Cuaresma:

“Haciendo una reflexión acerca de los acontecimientos que a diario se vienen sucediendo en nuestra patria, no podemos menos que decir: mientras seamos hombres interiormente viejos, es decir, hombres no convertidos de verdad, no se construirá nada nuevo que pueda dar y brindar felicidad a nuestro pueblo. Mientras no quitemos como método y como sistema, el uso fácil de la mentira y de la calumnia, no construiremos nada estable y firme. Mientras no quitemos el odio, el resentimiento, la soberbia, las causas que originan injusticias, dolor, desequilibrios irritantes y la vida fácil en nuestras relaciones humanas, no construiremos una sociedad nueva. Mientras no descubramos que cuanto más pobre de corazón es el hombre, tanto más encuentra su plenitud y su riqueza de hijo de Dios, cuanto más rico de sí mismo y lleno de satisfacciones egoístas tanto más empobrece. Mientras no descubramos y nos comprometamos a trabajar denodadamente para limpiar el rostro de tantos hermanos nuestros surcados por el dolor, las lágrimas, las angustias, las inseguridades, el miedo y todo tipo de marginaciones, ocasionadas por nuestro egoísmo y nuestra falta de profunda conversión, seguiremos siendo infieles a nuestra responsabilidad de hombres y de cristianos, ante Dios nuestro Padre y ante nuestros hermanos necesitados de sus otros hermanos.

Cuando decimos que es necesario que la Pascua del Señor debe irse realizando en cada hombre riojano… lo afirmamos convencidos y apoyados en la fuerza de Aquél que le da el verdadero y profundo sentido a la vida, JESUCRISTO. Lo importante es seguir pidiéndole al Señor que no nos cansemos.

Lo que no debemos renunciar nunca es el tener misericordia y comprensión para con aquellos que ya no se sienten con fuerzas, o el tener actitudes en la construcción de una sociedad nueva en la justicia, en la verdad y en la fraternidad de todos los hombres. No perdamos nunca de vista que se hace duro y difícil en la vida no ver el sentido de la marcha de todo un pueblo y el camino por el cual debemos seguir peregrinando.” (Homilía del 28 de febrero de 1971, en Misas radiales de Mons. Angelelli, Córdoba, Tiempo Latinoamericano, 1998, tomo 2, pag. 35-38)

Un gesto nos une

“Hay que seguir andando nomás”. En cada Cuaresma, como parte del camino al que el Señor nos llama y como una expresión concreta de la conversión a la que somos invitados, nuestra diócesis de Quilmes organiza la Campaña de Solidaridad. El lema elegido para este año, “Estuve en la calle y me recibiste”, nos recuerda las palabras de Jesús sobre el juicio de las naciones, en el evangelio según san Mateo (25, 31-46). El Papa Francisco dice que es “el gran protocolo” sobre el cual seremos juzgados si buscamos la santidad que agrada a los ojos de Dios: “Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver” (Mt 25, 35-36).

Este gesto cuaresmal, la Campaña de Solidaridad, nos une para reconocer y aliviar el sufrimiento de Cristo que camina con nosotros sin casa, sin alimentos, sin afecto. Es una oportunidad para salir de nosotros mismos y unirnos en el servicio concreto. Se trata de encender una luz en la noche del egoísmo, de la injusticia y de la ambición desmedida. “El que ama a su hermano permanece en la luz” (1Jn 2, 10).

Nuestro aporte de este año será, una vez más, destinado a las obras diocesanas en favor de las personas en situación de calle. Gracias a las otras campañas y a la ayuda de muchos, ya están prestando su servicio el Hogar Refugio “Jorge Novak: amigo de los pobres”, en Zeballos (Florencio Varela), y desde hace años el Hogar San Pantaleón, en Quilmes, dos lugares para hermanas y hermanos en situación de calle. Su funcionamiento implica un costo mensual de más de 130.000 pesos. Las ayudas recibidas no alcanzan para sostenerlos. Por eso hacemos este llamado a la generosidad de todos, especialmente en la Cuaresma.

* * *
“Hay que seguir andando nomás”. Que esta Cuaresma, alentados por testimonio del Mons. Enrique Angelelli y sus compañeros mártires y unidos en el servicio a nuestros hermanos y hermanas, nos renueve en nuestro seguimiento de Jesús y nos disponga a trabajar juntos en la preparación del tercer Sínodo de la diócesis de Quilmes.

Que la Virgen de Luján, peregrina incansable por nuestros barrios y ciudades, nos acompañe en este camino cuaresmal.

Hermanas y hermanos, nuestro cariño y nuestra bendición,

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