El caso de la beba hallada en la estación de Ezpeleta el viernes pasado conmovió a toda la comunidad. Con el correr de las horas, se conocieron detalles que transformaron lo que parecía un abandono en una compleja historia atravesada por el miedo, la adolescencia y la desinformación.
Según se pudo reconstruir, todo comenzó con un embarazo adolescente oculto. Una joven de 15 años decidió no contarle a su familia —especialmente a su madre— que estaba embarazada, por temor a su reacción.
El jueves, la situación llegó a un punto crítico: rompió bolsa y, sin asistencia médica, se dirigió al baño de su casa para dar a luz sola. En ese momento, y sin herramientas ni acompañamiento, se guió por indicaciones obtenidas a través de un tutorial consultado en ChatGPT.
Tras el nacimiento, la beba se encontraba en buen estado de salud. Fue entonces cuando el padre, también menor de edad, tomó a la recién nacida y, en medio del shock y la desesperación, decidió llevarla hasta la zona de la estación de Ezpeleta.
Allí, el joven —de 16 años— abordó a un hombre que pasaba por el lugar y, visiblemente conmocionado, le dijo: “Me acabo de encontrar a esta bebita abandonada”. Juntos se dirigieron a la comisaría, desde donde se activó el protocolo correspondiente y la niña fue trasladada a un hospital.
Recién el viernes por la tarde, la adolescente se presentó en el centro de salud y relató lo ocurrido. Allí, acompañada por un equipo interdisciplinario, pudo contar su historia y expresar que su principal temor había sido que su familia descubriera el embarazo.
Actualmente, tanto la madre como la beba se encuentran en buen estado de salud y bajo seguimiento profesional.
El caso, que inicialmente generó alarma por un presunto abandono, abre ahora interrogantes más profundos sobre la educación sexual, la contención familiar y el acceso a información y acompañamiento en situaciones de vulnerabilidad.