La militancia: el fuego en el que se cocina ese puchero que es la historia

Mensaje del Movimiento Evita:

Dos aniversarios fundamentales de nuestra historia (el Día de la Militancia y el Día de la Soberanía Nacional) se conmemoran durante esta semana, a su vez atravesada por dos grandes hechos de coyuntura (las elecciones legislativas de este domingo y la movilización del próximo miércoles). La reivindicación, el elogio de la militancia es lo que atraviesa los cuatro momentos.
El 17 de noviembre se festeja el “Día de la Militancia”, o más bien, el Día del Militante Peronista, porque ese día, en 1972, el General Perón volvía al país tras 17 años de exilio. Quedaban atrás los retornos frustrados (como en 1964), los fusilamientos y asesinatos gorilas, la cárcel y las torturas, el exilio, la proscripción y los intentos de humillación, que nunca pudieron contra el peronismo porque de sus entrañas surgió una militancia que se puso al hombro la resistencia popular.
En realidad, el ADN del peronismo tiene que ver con la resistencia a la adversidad: nació con una gran movilización reclamando el encarcelamiento de quien sería su líder, tuvo que soportar la muerte de Evita en medio de su proceso de conquistas (y la expresión del odio oligárquico burlándose de su enfermedad mientras agonizaba) y numerosas desgracias y asesinatos por casi dos décadas. Cuando por fin Perón volvió al país, al poco tiempo murió y el accionar violento contra el pueblo se comenzó a ejercitar incluso durante los momentos previos a la instalación de la última dictadura (terrorista) cívico-militar. Surgieron las madres y las Abuelas de Plaza de Mayo frente al fenómeno inédito de la detención-desaparición masiva de militantes, pero también se ejercitó el sabotaje, el “trabajo a tristeza”, la organización clandestina del movimiento obrero, que tan sólo tres años después ya se expresaba masivamente con huelga general y movilización en las calles. La CGT conducida por Ubaldini y su programa de 26 puntos enfrentaron los difíciles momentos de retorno democrático de la mano de un radicalismo que estigmatizaba el pasado y el presente peronista y el nuevo sindicalismo y los nuevos movimientos sociales mantuvieron en alto durante los años noventa las bandera de la dignidad frente al justicialismo del revés que gobernó la Argentina por diez años. Sin esa militancia popular que resistió en los noventa no había 2001 y sin 2001 difícilmente hubiese sido posible un proceso como el de una década larga con tres mandatos consecutivos de kirchnerismo.
Los últimos años mostraron como nunca la importancia de la militancia popular. Macri venía a barrer con 70 años de populismo y a los dos años, en diciembre de2017, empezó a enfrentar su propio y acelerado fracaso. La Economía Popular, que había surgido ya durante los últimos años del gobierno de Cristina, como herencia del movimiento piquetero y las “organizaciones sociales” de los años de Néstor, se empezaron a unir al sindicalismo, en la búsqueda por poner en pie una nueva columna vertebral. Se acompañó, siendo parte, de la conformación del Frente de Todos para derrotar al macrismo, y cuando comenzaba un nuevo período para el país, nos vimos azotados por una pandemia mundial. Y otra vez allí estuvo la militancia de las y los últimos de la fila en la primera línea de combate contra el virus.
El proceso electoral abierto en septiembre situó a la militancia popular nuevamente ante la adversidad: los resultados fueron tremendamente adversos, pero se sabía que el gran desafío era lograr que asistieran a los comicios de noviembre esa inmensa cantidad de personas, votantes del frente de todos en 2019, que se habían ausentado en las PASO. Y otra vez la militancia salió barrio por barrio, esquina por esquina, casa por casa, a intentar revertir la situación. Este lunes amanecimos con resultados adversos en muchos distritos del país, pero con una situación de repunte profundo en la provincia de Buenos Aires (principal distrito electoral de la Argentina) y con triunfos en importantes distritos del conurbano bonaerense.
Como en la movilización del pasado 18 de octubre, este 17 de noviembre los Movimientos Populares en los que se organizan las y los trabajadores de la Economía Popular marcharán otra vez junto a la CGT y otras expresiones del movimiento nacional.
Esa militancia popular y sindical es la base sobre la que puede respaldarse el presidente Alberto Fernández para avanzar en aquello que anunció tras los resultados electorales de este 14 de noviembre: “comienza la segunda etapa de nuestro gobierno”.
El ex vicepresidente del estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, suele decir que la militancia es quien puede “acerar” el proceso popular, de por sí contradictorio, fluctuante, ambivalente. Ese acero que es la militancia no se fabrica sin la fortaleza y la pasión, sin ese hierro y ese fuego necesario para enfrentar la adversidad y cocinar ese puchero que es la historia.
Militancia es poner un nosotros frente al yo, pensar nuestros destinos individuales en el marco de una comunidad; es comprometerse con un proyecto, asumiendo que nadie se salva sólo, sola, ni porque alguien vaya a venir a salvarnos. En fin, militancia es sostener la retaguardia cuando se retrocede, y ser punta de lanza cuando se avanza.
Hoy más que nunca necesitamos audacia política para salir de esta situación, y avanzar hacia una pos-pandemia con justicia social, con un proyecto que recupere mayores márgenes de soberanía nacional. Y para eso hace falta mucha militancia, y mucho protagonismo popular. Ojalá ese protagonismo popular se tenga en cuenta a la hora de pensar los desafíos actuales de la Argentina.

MOVIMIENTO EVITA QUILMES

PATRICIA «PATO» IRIBARNE

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