XXI Misa de la Esperanza en el Cruce Varela: “Hoy estamos aquí, porque falta el trabajo. Porque el trabajo que hay, está mal remunerado”, afirmó el Obispo

El sábado se llevó adelante la XXI Misa de la Esperanza en el Cruce Varela. Bajo el lema “Salgamos al encuentro de quienes están más lejos”, fue presidida por el Padre Obispo Carlos José Tissera.
Esta misa fue particular, a diferencia de otros años, ya que se clausuró el Año Santo de la Misericordia, fue una celebración realizada en el marco del año de los 40 años de creación de la Diócesis de Quilmes y de consagración episcopal del primer obispo, Jorge Novak. Por eso, luego de la celebración se realizó una fiesta diocesana con baile y bandas de música en vivo.

Durante su homilía  Mons. Tissera pronunció palabras contundentes sobre el desempleo y la precariedad laboral, sobre el hambre y sobre el narcotráfico, ante una muchedumbre que llenó el predio de la Plaza de la Memoria en el Cruce Varela.

Esta Misa de la Esperanza fue transmitida por Radio Novak, la radio de la diócesis de Quilmes, y fue interpretada en lenguaje de señas.

Asistieron diferentes funcionarios, entre ellos se destacaron el exembajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Custer; el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra; el secretario de gobierno del municipio varelense, Andrés Watson, el presidente del Honorable Consejo Deliberante de Quilmes, Juan Bernasconi; el secretario de Cultos del municipio de Quilmes, Luciano Bizín, entre otros.

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EXPO PROMO SALUD
En el mismo lugar de la misa, desde la mañana, se llevó adelante la Expo Promo Salud, una experiencia inédita con el objetivo de visualizar la realidad que existe dentro de los municipios que conforman la diócesis en torno a la recuperación de adictos. Participaron instituciones privadas y públicas, religiosas y laicas, con el fin de crear una red preventiva y de servicio que pueda ofrecer a las comunidades distintas alternativas para una vida saludable y lugares de referencia donde se pueda recurrir en situaciones complejas de salud. Esta iniciativa surge en la Pastoral de Drogodependencia de la Diócesis de Quilmes, y pudo concretarse en conjunto con la Dirección de Cultos de la provincia de Buenos Aires.
A continuación, la homilía del Obispo Tissera:

Hermanas y hermanos:

Las lecturas bíblicas de hoy se pueden sintetizar así: Cristo es el centro de la historia de la humanidad, y también el centro de la historia de todo hombre.

A él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy. Clausuramos el Año de la Misericordia con este precioso texto del Evangelio de Lucas.  Aquel hombre, que se ha equivocado en la vida pero se arrepiente, al final se agarra a Jesús crucificado implorando: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42). Y Jesús le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (v. 43): su Reino. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja de atender una petición como esa. Hoy todos podemos pensar en nuestra historia, nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno tiene también sus equivocaciones, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos tristes. En este día, nos vendrá bien pensar en nuestra historia, y mirar a Jesús, y desde el corazón repetirle a menudo, pero con el corazón, en silencio, cada uno de nosotros: “Acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino.

La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la plegaria que la ha pedido. El Señor siempre da más, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino. (Cfr. Papa Francisco.  Homilía de Cristo Rey, 2013)

Jesús nos convoca para salir al encuentro de los que están lejos. En su mesa hay lugar para todos. El banquete está preparado. Él mismo es el alimento. En su Corazón, todos tenemos un lugar. Este año hemos celebrado los 40 años como Iglesia diocesana. Y hemos cantado tantas veces: “La Iglesia existe para evangelizar, el mismo Espíritu renueva nuestro andar: servir como instrumento de comunión, vivir con gozo el evangelio del Señor, con Él ir al encuentro de aquellos que están lejos, sentarnos a la mesa sin discriminación” (“Cuarenta años de amor”. Germán Pravia)

“Salgamos al encuentro de quienes están más lejos”


El Año de la Misericordia hoy culmina. El Papa Francisco nos convocó a vivirlo con verdadera pasión y esperanza. Esa misma pasión y esperanza con la que el Padre Obispo Novak caminó en medio nuestro, construyendo el Reino de Dios. Fueron cuarenta años de amor, cuarenta años de alianza. Si grande fue su amor al acompañar a su pueblo en tiempos de muerte y de miedo, soñando con la libertad de la democracia, grande fue también su amor y su pasión cuando la vio enfermarse por la ambición de unos pocos que ejerce la dictadura del dinero y del poder al precio del hambre del pueblo. Por eso, porque fue un pastor con olor a ovejas, hace mas de 20 años inició esta Misa de la Esperanza. Escuchemos las palabras de Novak: “Profesamos la democracia y defendemos la democracia porque amamos a nuestra patria. Pero es oportuno insistir en que patria y democracia significan trabajo, justamente remunerado, para todos los argentinos. Significan salud para todos. Significan vivienda digna. Significan escolaridad plena. Significan pasar de soluciones de emergencia a soluciones de fondo” (“Por los senderos del Evangelio”, Buenos Aires, Ed. Guadalupe, p. 151)

Somos una “Iglesia misionera y ministerial, testimoniando el Reino en nuestra sociedad. Buscando juntos cómo servir mejor, Iglesia comunión y participación. Con un oído al pueblo y el otro en el evangelio, y así seguir andando en continua conversión”.

¿Qué oímos? ¿Qué estamos viendo? Que los comedores, creados desde hace años porque en casa no alcanza para comer juntos, están creciendo en número de niños y adolescentes; y en algunos barrios, se han abierto nuevos. Ahora son jóvenes los que también están pidiendo un plato de comida en algunos sectores. Las becas no están alcanzando para comprar más carne.

Las estadísticas dicen que ha disminuido el consumo de leche en el país. Nos preocupa que en algunos barrios esté aumentando la cantidad de niños con tuberculosis. Hay casos de desnutrición. El pedido de más ayuda para los comedores no es sólo de este año, todos sabemos que los venimos reclamando de años anteriores. De modo que la situación es sostenida, y las fuerzas flaquean.

Hoy estamos aquí, porque falta el trabajo. Porque el trabajo que hay, está mal remunerado. No está alcanzando el dinero. Sabemos que las pequeñas y medianas empresas son el sostén de nuestra zona sur. Están en complicados problemas.

El día de San Cayetano, el Papa Francisco decía en su carta: “A San Cayetano pedimos pan y trabajo. El pan es más fácil conseguirlo porque siempre hay alguna persona o institución que te lo acerca, al menos en Argentina donde nuestro pueblo es solidario… Pero trabajo es tan difícil lograrlo, sobre todo cuando seguimos viviendo momentos en los cuales los índices de desocupación son significativamente altos… Una cosa es tener pan para comer en casa y otra es llevarlo a casa como fruto del trabajo. Y esto es lo que confiere dignidad. Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad. Poder llevar el pan a casa. Trabajo, esa T (que junto a las otras dos: Techo y Tierra) está en el entramado básico de los Derechos Humanos; y cuando pedimos trabajo para llevar el pan a casa estamos pidiendo dignidad”(Francisco. Carta del 7/8/2016)

El año pasado decíamos: “TIERRA, TECHO Y TRABAJO SON DERECHOS SAGRADOS”. Seguimos preocupados por el tema de las tierras. Ha crecido la cantidad de asentamientos en nuestros distritos. Se han hecho gestiones, pero son insuficientes. Al problema de la vivienda se une el tema de la salud, la educación, la inseguridad, la droga y la falta de comunicación por falta de acceso al transporte.

Hace dos años decíamos aquí: “Que la droga no nos robe la esperanza”. Todos sabemos cómo sigue esto hoy en todo el país y el mundo. Pero que sabias son las palabras del Papa Francisco en el III Encuentro para los Movimientos Sociales, hace 15 días atrás:

“¿Quién gobierna entonces? El dinero … hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso, pero ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero»

Quiero hacerme eco del comunicado de la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia, del pasado 6 de noviembre:

“Por la gravedad del momento que estamos viviendo, por las muertes, tragedias, y sufrimientos de miles de pibes y pibas a lo largo del país, de hombres y mujeres, por el dolor de sus familias, por nuestros barrios, villas, pueblos y ciudades, por el Padre Juan Viroche y todos los que día a día dan la vida, este equipo pide la pronta declaración de la emergencia nacional en adicciones, y reclama a los distintos niveles del estado: municipales, provinciales y nacional, a los medios de comunicación, a las empresas, a las iglesias y distintos credos que  se hagan eco de este pedido, que como un grito que se eleva al cielo de la patria: ¡Basta! ¡Basta! ¡¡¡¡Ni un pibe menos por la droga!!!! Hay que ponerse a trabajar.”

No basta perseguir el narcotráfico. Hay que cuidar a los pibes.

 

“Salgamos al encuentro de quienes están más lejos”


¿Cómo salir al encuentro?

En este trienio celebratorio de los cuarenta años de la diócesis, estamos invitados a RENOVAR EL SERVICIO.

Como el buen samaritano, acerquémonos a quien nos necesita. Pero no aisladamente. Solos, es poco lo que podremos hacer. Necesitamos unirnos. Tender puentes. Superar los desencuentros y los prejuicios. Debemos trabajar por la CULTURA DEL ENCUENTRO. Juntos ir al encuentro del que nos necesita. En nuestras parroquias y centros misioneros debemos estar abiertos para juntarnos a otras personas, a otras instituciones y credos, para servir al otro. Jesús es mi prójimo, el otro, el que me necesita.

En el Año del Bicentenario, las instituciones de los tres distritos, entre ellas las 3 Municipalidades, suscribimos un acuerdo de trabajar en torno a 10 propuestas, como el que se suscribió a nivel nacional en Tucumán: la lucha contra la pobreza y la exclusión, combate al narcotráfico, prevención de adicciones, educación integral, acceso universal a la salud y el agua potable, empleo digno, erradicación de la trata de personas, cuidado del ambiente, promoción de la cultura del encuentro, y lucha contra la corrupción y la impunidad.

En este Año de la Misericordia todos hemos reparado en esas obras tan sencillas y valiosas: las obras de misericordia. Queremos dejar un testimonio concreto de servicio en la diócesis, que juntos estamos construyendo, un lugar para gente en situación de calle; se trata del Refugio “Jorge Novak, amigo de los pobres”, en Estación Zeballos, Florencio Varela.

Hemos de tender puentes entre todos, en un mundo que quiere levantar muros. El Papa nos da un claro ejemplo al acercarse y escuchar a los movimientos sociales, a quienes también los anima con las palabras del Evangelio:
 “Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo.
Ese arraigo al barrio, a la tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias porque las hay, las tenemos y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esta cultura del encuentro porque ni los conceptos ni las ideas se aman; se aman las personas… rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.” (Bolivia. 9/7/2015)
Hemos vivido un año con hermosos regalos para el pueblo cristiano: ya vemos en los altares al Santo Cura Brochero y a la Santa Madre Teresa de Calcuta; a la Beata Mama Antula. Ellos nos hablan de amor a los pobres, de pasión por el Evangelio de Jesús.

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